Sudor en Shanghai

2 min
Sábado, 28.11.2015 00:00

Uno de los momentos que recuerdo con mas hilaridad de mis andanzas por esos lugares del mundo fue una noche de verano a 40 grados, en Shanghai, en un antro de mala muerte donde nos habían dicho que servían cubos de deliciosos cangrejos blancos fritos.

Al entrar en el local, lleno a rebosar de gente devorando cangrejos con las manos, con la tele a tope, sin aire acondicionado, nos sentaron en un rincón donde, tras unos veinte minutos, un camarero muy serio, completamente empapado en sudor se acercó a nuestra mesa y, sin mediar palabra antes de que pudiéramos pedirle nada, empezó a sacar las servilletas del servilletero, a secarse con ellas las cataratas de sudor que le caían desde la coronilla y a tirarlas sin inmutarse, sobre nuestra mesa y hasta sobre nosotros.

En nuestro caso, nos pudieron la risa y la gula y acabamos comiendo cangrejos, que estaban de muerte, y tirándole al camarero servilletas empapadas con nuestro propio sudor

Es de esos momentos en que las personas nos sentimos divididas entre la gula y el asco y la risa floja. En nuestro caso, nos pudieron la risa y la gula y acabamos comiendo cangrejos, que estaban de muerte, y tirándole al camarero servilletas empapadas con nuestro propio sudor.

Pero no todos los camareros en Shanghai son así. En el otro extremo del espectro me invitaron a un restaurante de alto copete, situado en una de las zonas más residenciales de la ciudad, donde, antes de sentarte en la mesa, unos camareros de aire ceremonioso, impecablemente vestidos con batas blancas de médico, te tomaban el pulso y te miraban el iris y apuntaban los resultados en un cuadernillo que pasaban a la cocina, donde no menos pulcras cocineras elaboraban un menú individual según el estado que la medición del pulso y el iris indicaban.

Recuerdo una sopa con raviolis al vapor que sabía mucho a vinagre que se suponía iba a arreglarme la vesícula, y un té amargo que me iba a dejar el hígado como nuevo. Pero reconozco que tanto plato salutífero me hizo echar de menos los cubos de plástico llenos de cangrejos fritos y hasta las servilletas del camarero sudoroso.

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¿Quién es... Isabel Coixet?
Isabel Coixet
Isabel Coixet hace películas, va al karaoke, cocina paellas y risottos decentes, y ama las anchoas. Le gusta comer bien y detesta que le tomen el pelo. En sus ratos libres intenta rescatar unos cuantos olivos milenarios y mejorar su versión de La gata bajo la lluvia.
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