El catalán mareado

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Domingo, 3.04.2016 00:00

Íbamos para Ítaca --¿recuerdan?-- y nos hemos perdido por el camino que va desde ningún sitio a ninguna parte. Ahora estamos en aquel éter con que amenazó el malo de Margallo, condenados toda la eternidad a vagar por el espacio sideral, con música de Lluís Llach, para dormir a las ovejas, y el Minister Romeva en bañador. A eso, los cursis relamidos le llaman estar metidos en el bucle o la ruedecita esa del hámster que no para de dar vueltas.

Si ahora los plumillas de relumbrón estuvieran por la labor, tras el catalán cabreado pondrían en circulación el catalán mareado

De vez en cuando, aparece la señora portavoz del Gobierno y, tras consultar el mapa, proclama con cara de maquinista de tren, que "la hoja de ruta es inamovible" y transmite una alegría contagiosa. Ya lo decía el genial Capri: "¡Hay que viajar!". Los ogros de la caverna madrileña, para mayor inri, nos prescribían viajar para curar el nacionalismo. Hemos viajado más que los baúles de doña Concha Piquer, que si de Lituania al Quebec, de Escocia a Puerto Rico, de Austria a Dinamarca. Un trajín de no parar, sin movernos del mismo sitio. Ahí está el mástil con la bandera española ondeando en la antigua Capitanía. La verdad es que, para ese viaje, yo casi prefiero quedarme en casa, aunque esté mareado como un pato y perdido como pulpo en un garaje.

Si ahora los plumillas de relumbrón estuvieran por la labor, tras el catalán cabreado pondrían en circulación el catalán mareado. Nos han dado más vueltas que a un tiovivo y metido en la centrifugadora del referéndum, que vuelve como las golondrinas de Bécquer o el ajo después de las comidas. Perpetraron unas elecciones plebiscitarias, que como su nombre indica nadie sabe a ciencia cierta qué son, pero si me la tararearan puedo tocarla al piano. Ganó el señor Mas, como muy bien se ha visto después, porque lo repitió en cuatro idiomas la noche electoral, para que todos le entendieran. No hacía ya falta el referéndum porque tenían un mandato democrático, porque si no se pueden contar votos se cuentan escaños, en un memorable juego de trileros, siempre nos quedaba la DUI, que no tiene relación con la ginecología, pero que viene a ser como la independencia pero a pelo. Ahora parece que falta "mayoría social" que es lo mismo que sucede con los gin-tonics de hoy en día, que llevan de todo excepto ginebra. Por lo visto, hicieron corto y han caído ahora en la cuenta.

En estas llegó 'El Coletas' de Podemos y nos enseñó la puntita del referéndum, como quien muestra a los indios unos abalorios de colores. Un flechazo a simple vista y acabó dándose de la lengua, en mitad de la Cortes, con un correligionario catalán. Ahora ya no hay independencia exprés en dieciocho meses, ni desconexión, ni república catalana, ni desobediencia civil, ni épica que valga, sino referéndum y de nuevo a la casilla de salida. Hasta que vuelva, otra vez, a llevarse la falda corta la próxima temporada. Ya lo dijo el eminente pensador Arturo Mas: "La vida es difícil, pero la política todavía más". A buen entendedor...

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero.
Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.