Los tres primeros muertos del 'proceso'

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Domingo, 10.04.2016 00:00

Así encabezaba un artículo Bernat Dedéu, filósofo, bloguero, músico, una rara avis porque es independentista, pero inteligente. Vamos, que no es solo un par de piernas, ni Germà Bel, para entendernos. El titular venía a cuento por las declaraciones de Albert Boadella, después de que unos individuos --por llamarles de alguna manera-- se dedicasen a cortar los tres cipreses que éste tenía a la entrada de su casa, en la localidad gerundense de Jafre.

En tanta reivindicación del carácter pacífico del 'procés' y tanta revolución de la sonrisa parece ir implícita la alternativa, un aviso para navegantes, un mensaje subliminal, una velada amenaza de que las cosas pueden cambiar

El ex director de Els Joglars colgó un cartel denunciando los hechos. Estableció un paralelismo entre lo acaecido con sus árboles y las presiones que sufrieron en Alemania los opositores al régimen nazi para que abandonaran el país. A nuestro filósofo se la pusieron como al rey Arturo y remató los aspavientos del cómico sentenciando la fina línea que, según él, existe entre ejercer de bufón y hacer el ridículo. Hasta donde yo puedo discernir, a Hitler no le hubiera hecho gracia la tala porque calificaba de "degeneración cultural" la que llevaba a "empezar a cortar árboles sin tener previstas medidas de reforestación".

Dedéu se suma así al coro angelical que entona la letanía, que se repite sin cesar, de que el 'proceso' es pacífico y que las manifestaciones transcurren sin incidentes, hasta crear un runrún incesante. ¿Acaso puede ser distinto? Tanta reiteración es inquietante. Por una parte me recuerda demasiado a "los cien años de honradez" de Alfonso Guerra o a aquello de Jordi Pujol de que "de ética solo hablaremos nosotros". Nunca he oído decir, por ejemplo, que la interpretación de una sinfonía de Mozart haya transcurrido sin incidentes. En tanta reivindicación del carácter pacífico y tanta revolución de la sonrisa parece ir implícita la alternativa, un aviso para navegantes, un mensaje subliminal, una velada amenaza de que las cosas pueden cambiar.

Parece existir en Cataluña una continuidad entre quienes pidieron dialogar con los asesinos de Lluch, en la manifestación de condena por su asesinato, y la de la ex consejera de Enseñanza, la señora Rigau, quien equiparó a la víctima, el profesor, con el alumno que le disparó una flecha con una ballesta y le mató. "Dos vidas truncadas", sentenció tan maja ella. O cuando Antonio Baños, en su impagable papel de chico para todo, compara a los solados de la OTAN con los militantes del Estado Islámico.

Explico todo esto porque Victor Klemperer, un filólogo alemán de origen judío, que sobrevivió a aquel horror, publicó un libro titulado 'La Lengua del Tercer Reich', convertido en un clásico. Allí se explica cómo las primeras víctimas de la llamada 'solución final' no fueron los propios judíos. "Nos quitaron --refiere el autor-- a nuestros animales domésticos --gatos, perros y hasta canarios-- y los mataron". Después ya vinieron todos los demás.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero.
Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.