Presión, nervios e información en Cataluña

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Viernes, 15.04.2016 00:00

En la sociedad actual no todo el mundo está preparado para aguantar la presión. Disponemos de tanta información que las dudas sobre cómo gestionarla bloquean en muchas ocasiones nuestros actos más personales. La política no es ajena a esa novedosa situación. Tampoco Cataluña es el único lugar del mundo mundial donde eso nunca sucede. Es más, aquí la presión, y los nervios como respuesta, son el pan diario.

En Cataluña, de forma consciente o inconsciente, se presiona mucho a quien no piensa como dictan las normas del buen catalán

Todo debe decirse, en Cataluña, de forma consciente o inconsciente, se presiona mucho a quien no piensa como dictan las normas del buen catalán. Ya saben, aquellas para el nacido aquí, o no, cuya lengua debe ser sagrada, cuyo odio a todo lo español es santo grial, y cuya, en muchos casos, dependencia del dinero público, o 'púbico', por qué no decirlo, es su santo devoto. En ese triple contexto sus argumentos son, cuanto menos, sorprendentemente aburridos. Similar a una mala película porno rodada en formato Super8.

Pero sorprende todavía más su nula capacidad de respuesta. Personajes que presionan, pero son incapaces de responder cuando son presionados. Ya comentamos en su momento que uno de los mayores problemas del 'procés' ha sido el cero mimetismo con la autocrítica. Y sin autocrítica, en prácticamente ningún campo, uno puede avanzar. Curiosamente, para estos personajes el 'procés' ha madurado de golpe, aunque para otros, como el redactor de estas palabras, simplemente ha envejecido. Envejecido mal, muy mal. Han creído todas sus mentiras. Y en la vida creer saber es envejecer, mientras querer saber es rejuvenecer. Y cualquier proceso de independencia se hace desde un estigma de rejuvenecimiento. Desde aprender sobre la marcha, nunca desde la soberbia del que cree saber todo.

Su brutal presión este año ha encontrado algunas plumas rebeldes. Algunos hemos aguantado la presión con argumentos. A los que ellos responden con nervios, descalificaciones, censuras, asumiendo un papel talibán desconocido en nuestra Cataluña. Porque ningún proceso, sea en Cataluña, en la Rusia de Putin, o en el África más profunda, es capaz de crecer sin esa capacidad de concentrar y aguantar presión. Aquí tenemos lo que tenemos. Un presidente Puigdemont incapaz de saber que hace su dos, Junqueras. Un dos que va a Roma para una acto religioso --aún me sorprenden estas nuevas atribuciones de la Conselleria de Economía--, en vez de atender sus responsabilidades en reuniones para salvaguardar una Comunidad quebrada. Un conseller de Justicia que desea guillotinar a quien no piensa como él. En fin, podríamos seguir y la lista nunca se acabaría.

Oriol Junqueras ya quedó retratado llorando en aquella emisora de radio. El resto lloriquean tras las puertas del Palau de la Generalitat

Como recordaba un medio, ahora anti 'procés' como La Vanguardia --creo que han olvidado que ellos no deben estar a favor o en contra sino simplemente informar-- también pagamos un Parlamento con ninguna ley aprobada en más de nueve meses. Sumen un parón de las actuaciones de la Generalitat impropio de una entidad pública. Impagos a farmacias u otros proveedores incluidos. En nuestra Cataluña parece, a veces, que el famoso "helado de los postres" del nuevo país ha quedado derretido. Mientras sus mercaderes han sido abducidos por la mentira al entonar proclamas bajo las estrellas felices 'con su carrito de los helados'.

Y, al final, esos personajes mediocres que gestionan la Generalitat deben ser conscientes de que la vida es presión. Y la presión debe aguantarse con algo más de medio pelo. Si no son capaces ni tan siquiera de gestionar cualquier información negativa, ¿cómo podrán llevar un país a la independencia? Quizás pensaron que los caminos de rosas se abrirían mientras cabalgaban con el dinero público de todos. Eso simplemente demostraría, además de su clara ineptitud, un desprecio a los ciudadanos y una forma de enfocar la vida totalmente ajena a la realidad. ¿Quizás son así? ¿Viven en su mundo?

Oriol Junqueras ya quedó retratado llorando en aquella emisora de radio. El resto lloriquean tras las puertas del Palau de la Generalitat. Algo, por cierto, totalmente lícito y hasta humano. Pero lástima que a los dirigentes de un país no se les paga por viajar, llorar o mamar bajo una mesa, sino simplemente por gestionar, y bien, un país. Cuando alguien sabe sólo presionar, y no admite ser presionado, es que quizás no merece un euro público. Un tipo así puede ser tertuliano de TV3, puede ser hasta profesor de Universidad --mediocre, claro-- pero nunca puede gestionar un bien común. Al final, esa forma talibán de vivir es propia de culturas ancestrales, o quizás incluso del recordado por ellos 1714, pero nunca de 2016.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.