Borbón y cuenta nueva

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Domingo, 8.05.2016 00:00

La señora Colau, alcaldesa de Barcelona, ha considerado que era perentorio cambiar el nombre de la plaza Juan Carlos I por el de Cinc d'Oros, que era la denominación original para referirse a la confluencia del Paseo de Gracia con la Diagonal. Los barceloneses la conocíamos como la plaza del lápiz o la del supositorio, con perdón, en referencia a la pilastra central. En tiempos de la República estaba rematada por una figura femenina desnuda como alegoría de la misma. El franquismo la cambió por otra figura femenina pero vestida, en la base, como símbolo de su victoria. Después se quedó el obelisco a solas, mondo y lirondo. Estoy seguro de que pronto le encontrarán un nuevo sentido, habiendo como hay tantas causas justas por las que luchar.

Estas cosas, o se hacen bien y se tira el busto de su majestad por la ventana, o se deja en su sitio

El insigne historiador del III Reich Richard J. Evans explica que en la ciudad alemana de Bremen hay un elefante construido de ladrillo de diez metros de altura. Era un símbolo del colonialismo alemán en África y Oceanía con el nombre de las antiguas colonias perdidas tras la Paz de Versalles, inaugurado en 1932 como acto reivindicativo demandando su devolución. Contra todo pronóstico, salió ileso de la II Guerra Mundial y, tras la derrota alemana, las inscripciones fueron borradas. En 1982, en su cincuenta aniversario, nadie sabía qué hacer con aquel mamotreto. Namibia, antigua colonia, seguía bajo el régimen de Sudáfrica, así que se colocó una placa: "Por los derechos humanos y contra el apartheid". Dos años más tarde, se declaró monumento anticolonial, y en 1996 con motivo de la independencia de aquel territorio pasó a ser "monumento a la memoria de las víctimas del colonialismo alemán".

Aquí, cuando la tortilla da la vuelta y llegan "los nuestros", lo primero que hacen es cambiar el callejero y la imaginería anterior. Convocan a los fotógrafos, y unos operarios en mangas de camisa meten en una caja de cartón cualquiera el busto del amigo de Corinna y de los elefantes. Estas cosas, o se hacen bien y se tira el busto de su majestad por la ventana, o se deja en su sitio. Mientras tanto, el señor Francesc Cambó, que financió a Franco y pagó de su bolsillo las bombas que caían sobre Barcelona, continúa tan tranquilamente con su estatua (horrorosa, casi tanto como la de Macià) y avenida con su nombre. Pero, claro, Cambó es uno de los nuestros, ¡faltaría más!

El gran periodista Julio Camba narraba que pocas semanas después del 14 de abril del 1931 llevaba un buen rato esperando la llegada de un tren en el andén de una estación y, cuando por fin la locomotora apareció, un indignado viajero exclamó a su lado "¡vaya vergüenza!", y el periodista se sumó a las quejas por el retraso. Su interlocutor le rectificó: "No, no, es por la máquina, que todavía lleva la inscripción de Alfonso XIII". Hay cosas, eso sí, que nunca cambian.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero.
Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.