Cómo perder el tiempo por el bien de la patria

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Miércoles, 18.05.2016 00:00

Pongamos que tengo mucho tiempo libre y me aburro como una seta. Para entretenerme y, al mismo tiempo, contribuir al progreso de la nación, me pongo a elaborar un detalladísimo plan sobre la necesaria reconquista de América del Sur, que incluye, claro está, la revocación de las independencias locales y el regreso a los buenos viejos tiempos de los virreinatos. Tras redactar no menos de 300 folios, me voy a Madrid para entregárselos a Patxi López, quien me promete leerlos con suma atención y me felicita por mi patriotismo. Como no podía ser de otra manera, me quedo unos días en la capital para atender a la prensa escrita, las emisoras de radio y los canales de televisión, que se rifan mi presencia. Tras salir en hombros de 13 TV, regreso a Barcelona, donde las masas me esperan en el aeropuerto para aplaudirme y jalearme. Y me voy para casa con la satisfacción del deber cumplido, sintiéndome mejor persona y mejor español.

En un país normal, al que viene con sandeces no lo recibe la presidenta del parlamento ni se le entrevista en la televisión, pues no hay que fomentar los delirios de los perturbados

Como ustedes se pueden imaginar, semejante plan no figura entre mis prioridades porque es una chaladura de nivel cinco que solo concitaría la rechifla generalizada y la extendida convicción de que me he vuelto completamente loco. Pero en realidad solo habría pecado de ambición, ya que si te pones a elaborar planes más discretos, aunque igualmente majaretas, y se los presentas a la persona adecuada del lugar adecuado, todos te toman en serio y se te considera un patriota responsable. Pienso en la asociación Constituïm, que se acaba de cascar una constitución para la República catalana que da gusto verla. Carme Forcadell ya la tiene en sus manos y seguro que la está estudiando atentamente. Y alguno de sus impulsores lleva días paseándose por diferentes platós de TV3 para anunciar la buena nueva. Así es como me he enterado de que esa república inminente permitirá que los nacidos antes de 1977 sigamos dirigiéndonos a la administración en castellano, privilegio de dudoso interés para un servidor, que nunca se ha dirigido a ninguna administración en ningún idioma y piensa perseverar en su actitud. De todos modos, gracias a los emprendedores muchachos de Constituïm por su tolerancia.

Dado que la posibilidad de una Cataluña independiente es tan remota como el retorno de los virreinatos, no entiendo la diferencia de trato a los partidarios de una y otra opción. A no ser que en Cataluña se nos haya ido la olla, que también podría ser. En un país normal, al que viene con sandeces no lo recibe la presidenta del parlamento ni se le entrevista en la televisión, pues no hay que fomentar los delirios de los perturbados. Yo ya entiendo que con algo se ha de entretener el señor mayor al que vi en TV3 vendiendo su constitución, pero alguien debería decirle que la patria preferiría que matara el rato jugando a la petanca con otros jubilados.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España
Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.
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