La 'des-Gràcia' de la aburrida Ada Colau

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Viernes, 27.05.2016 00:00

A veces la labor de columnista es muy desagradable. Escribir sobre personajes como Ada Colau o cualquiera de sus acólitos en el ayuntamiento provoca no solo un malestar neuronal sino incluso, a veces, incontinencias con una muy complicada gestión. Súmenle, además, mi última columna, donde ya hablamos de la señora alcaldesa. Sobre sus viajes, aficiones al lujo incluidas, escribíamos que serían un futuro agujero en el ayuntamiento. En pocos días, por desgracia para aquellos barceloneses por nacimiento o afición, hemos visto no será el único.

Colau pide "prudencia a los Mossos", propone a las "asociaciones de vecinos que medien en el conflicto de Gràcia", y permite que Asens pida explicaciones a los cuerpos de seguridad

Ahora con la violencia en el barrio de Gràcia hemos topado. Podríamos alargarnos horas y horas sobre los motivos, las consecuencias, los culpables o los inocentes. Al final, sería otro análisis más. Quizás, más o menos interesante, pero otro análisis. Curiosamente, cuando alguien es elegido como alcalde no es para hacer análisis, sino para gestionar los análisis de los profesionales y tomar decisiones. Aquí nuevamente Colau se ha colao, y se esconde queriendo hacer de analista. Alcaldesa Colau, no le pagamos para eso.

Para más inri, la alcaldesa Colau pide "prudencia a los Mossos". Propone a las "asociaciones de vecinos que medien en el conflicto de Gràcia", y permite que su teniente de alcalde, un tal Asens, pida explicaciones a los cuerpos de seguridad. Este personaje también se las trae. Es otro que ha olvidado que es teniente de alcalde, no abogado en el ayuntamiento. Confunde lo que cree saber, se supone que derecho, con lo que le exige el cargo, se supone que gestión. Y actúa como un abogado bravucón amenazando, perdón, negociando en nombre del ayuntamiento con otros abogados por temas variados. Perdón, señor Asens, el ayuntamiento ya paga abogados para eso, usted esta ahí para gestionar. Un craso error de aquellos incapaces de delegar.

Pero, dejando a Asens a un lado, volvamos a Colau. Aunque fíjense que deben ser el mismo tipo de origen (el subvencionado Observatorio DESC). Porque la alcaldesa peca de lo mismo: desatender sus funciones. Son inauditas sus peticiones. Sorprende que, tras noches de violencia, ponga a los Mossos en el candelero. La alcaldesa, supongo, desconoce que los Mossos son personas. Sí, personas normales. Seres humanos con sus cosas. Se levantan a la mañana, besan a sus hijos, mujeres o maridos. También tienen sentimientos y, cómo no, miedos.

Miedo a que un energúmeno les parta la cabeza en medio de Gràcia porque una alcaldesa sin más principios que su ego no sea capaz de gestionar su problema. Cuando están por la calle, piensan en si volverán a casa o no. Alguno piensa en si vale la pena jugarse la vida para que la alcaldesa del pueblo donde están poniendo orden les recrimine arriesgar su vida. El teniente de alcalde Asens directamente les reprende. Alguno puede pensar que la desgracia de Barcelona quizás no está en Gràcia sino en la plaza Sant Jaume. Y, sinceramente, si quien escribe fuera Mosso d'Esquadra, por ejemplo de la BRIMO, cogería la baja y dejaría a Colau limpiar la ciudad de sus amigotes.

Algún mosso piensa en si vale la pena jugarse la vida para que la alcaldesa del pueblo donde están poniendo orden les recrimine arriesgar su vida

Y a estas alturas no seré yo quien alabe a un cuerpo policial. En una sociedad ideal no deberían existir. Pero, claro, en una sociedad ideal gente como Colau o Asens simplemente trabajarían. Desconozco en qué, pero está claro que no sería cobrando dinero público. Porque volvemos a la historia de siempre. El dinero público se cobra para gestionar problemas, para aproximar soluciones a la sociedad. No por figurar, ir de viaje en business, dormir en suites o dar discursos en televisión.

Una ciudad es el territorio más cercano a muchos ciudadanos. Los políticos urbanos deben ser los más cercanos. Deben solucionar problemas, gestionar virtudes y defectos. Con Ada Colau, y su equipo de profesionales del no saber que hacer, simplemente vemos un grupo de incapaces del orden. Alguien sin mando más allá de la demagogia barata. Una persona que rehuye los problemas. Nacida en una sociedad cómoda, donde la única forma de integrarse ha sido criticar su comodidad mientras se hacía un lugar donde vivir de lo siempre criticado. Vamos, una envidiosa.

Todo eso es triste para un político. Mucho más triste para un alcalde. No olvidemos que son los primeros en dar la cara. Pero Colau, en su imaginación voraz, quiere nuevas políticas. Unas políticas sorprendentes. La alcaldesa se esconde mientras no da la cara. Es más, Colau pide a la asociaciones de vecinos y a los policías que den la cara por ella. Lo de Gràcia le aburre. En general, la vida municipal le aburre. Realmente todo le aburre. Solo quiere buscar nuevos retos personales, nuevos engaños. Viajar por el mundo para hacerse notar mientras nuestra ciudad se desagarra. Y eso le hará gracia a la señora alcaldesa, pero debemos decir, en voz alta, que un personaje así simplemente es una autentica des-Gràcia para Barcelona.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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