La independencia (de peaje) y Churchill

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Domingo, 22.05.2016 00:00

El señor Francesc Pujols tuvo la ocurrencia de pronosticar que "llegará un día en que los catalanes lo tendremos todo pagado", pero por lo visto a los catalanes nos gusta pagar, nos da morbo, es un vicio. El señor Oriol Junqueras, que lleva las finanzas de Cataluña, o lo que queda de ellas, ha dejado atrás la economía recreativa de otros tiempos con las amenazas de huelga general y esa comedia de enredo en la cual Cataluña saldría por una puerta de la Unión Europa y del euro, y entraría por otra, como un amante sorprendido en cueros. El líder de ERC se ha dado cuenta, como proclamó Woody Allen, que la realidad es el único sitio en donde se puede comer un buen bistec.

Ponerse ciegos a gritar independencia o montarle una pitada al himno de España era una forma de pasar el rato gratis

Nuestro hombre está decidido a tocarnos la cartera a los catalanes, en plan Robin Hood, es decir, quitárselo a los ricos para repartirlo entre los pobres, quizás porque haya aprendido que dos más dos suman cuatro aunque lo dijese Fraga, o por ganas de marcar paquete y comerse a los restos de Convergència con patatas, con la ayuda de la CUP en el papel de pinza. A la señora Munté, portavoz del Gobierno catalán, sin dejar de poner cara de maquinista de tren, le ha faltado tiempo para asegurar que se trata de "una polémica mediática". Es como cuando se renueva la confianza en un entrenador de futbol, prueba inequívoca de que tiene los días contados al frente del equipo. No falla nunca.

La cosa de la independencia, por el momento, salía gratis, había barra libre y se iba por la patilla. Los brujos de la tribu, tipo Xavier Sala Martín nos explicaban el cuento de lechera. Los contertulianos de la caverna no se cansaban de repetir aquello de que España nos roba, y todos tan felices venga a hacer informes, a crear embajadas y a viajar a Bruselas para no decir nada. Ponerse ciegos a gritar independencia o montarle una pitada al himno de España era una forma de pasar el rato gratis. El proceso era como una fiesta del Club Super 3 o los grupos de amigos que jugaban un partido de solteros contra casados; había castells y cabezudos.

La fallecida señora Muriel Casals afirmó que lo del 11 de septiembre no eran manifestaciones sino "escenografías", como si fuera una fiesta de final de curso. La foto a vista de pájaro no era la imagen de una muchedumbre, sino una foto de familia, igual que se tiene la foto de la boda, "porque el mundo nos estaba mirando". Y se redactaban futuras constituciones como quien se dedica a construir un velero dentro de una botella. Pero, como decía Josep Pla, "pagando otro cinco duros de gasto".

Ahora se acabó el sarao y hay que sufragar el gasto. El actual Gobierno catalán hace como hizo Chamberlain al regreso de Múnich tras pactar con Hitler. Un correligionario le recriminó lo sucedido, a lo que aquel respondió: "Una cosa es reconocer los hechos y otra muy diferente hacer públicas sus consecuencias". Seguimos esperando a Churchill.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero.
Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.