Las guerras de Puigdemont

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Viernes, 6.05.2016 00:00

Pues va a ser que Puigdemont no está de paso por la Generalitat. El invento de última hora propuesto por los radicales y aceptado por Artur Mas está cogiendo el gusto a vivir, aún más, de lo público. Sus últimas declaraciones a la emisora de radio local UA1 Lleida, filtradas 24 horas antes por La Vanguardia, son bien claras: "Me presentaré si el proceso no se ha acabado". Por si aún hay dudas, el subtítulo de la noticia las despeja: "El president abre la puerta a ser candidato a la presidencia de la Generalitat".

El president no tiene quien le hable, no tiene quien le escuche, pero simplemente quiere quedarse

En Convergència, o como se quiera llamar ahora, contaban con un cargo de caducidad manifiesta. El poco carisma del president, sus continuas meteduras de pata, su radicalismo medio endulzado en un discurso ambiguo desanimaba, además, a sus fieles. Pero sus previsiones muy optimistas empiezan a saltar por los aires. Ahora su problema ya no es el 3%. Su problema es Puigdemont. El president no tiene quien le hable, no tiene quien le escuche, pero simplemente quiere quedarse. Y en un mundo tan complejo como el del actual radicalismo del procés todo es posible.

Ahora mismo, el gran problema de Puigdemont es su fuerza, digamos su escasa fuerza. Como en todas las guerras, uno debe saber con qué cuenta y con qué no cuenta. El president empezó sus desencuentros con la política económica de Oriol Junqueras. Más adelante, como explicamos en Crónica Global, contra la política exterior de Raül Romeva. Ni uno ni otro tienen el más mínimo apego por el president. Es más lo consideran un simple --incluso fantasioso-- personaje de relleno bien suprimible.

Y ahí es donde Puigdemont lucha por inventar una nueva historia. Superada ya su etapa como simple bachiller vividor de múltiples subvenciones, ahora pugna por instalarse en la política de Estado. En su camino ignora cualquier recomendación. Cree el personaje que el mundo es como su carrera en Girona, donde las amistades, no las titulaciones, le ponían a sus pies el dinero y el poder. Una forma 'chabacana' de actuar. Factible, seguramente, en un mundo imperfecto como el independentista, donde solo el fin justifica cualquier acto. Sea impúdico, vergonzoso o ridículo. La autocrítica nunca ha existido en el procés, y ahora no se la espera.

La lamentable exhibición de Bruselas no es más que un sinónimo de su poca categoría como líder

La lamentable exhibición de Bruselas no es más que un sinónimo de su poca categoría como líder. Sacrificará a cualquiera porque simplemente sabe que no tiene amigos en el Govern. Y, por suerte o desgracia para el resto, él ahora manda. Ser presidente de la Generalitat da poder. Su guardia de corps instaurada en los medios como Catalunya Ràdio de la mano de Saül Gordillo serán implacables contra cualquier ataque al nuevo líder. Saben que es su única oportunidad de medrar en un campo putrefacto de hostilidades.

Puigdemont va a la guerra. Pero no una guerra contra España, como algunos quieren creer. Sino una guerra interna para perdurar en el cargo lo máximo posible. Fracasó en su juventud profesional y tuvo que huir, escondido como un viaje de conocimiento. Fracasó en su vida privada y tuvo que recuperar la juventud con adolescentes. Fracasó en su vida política y sabe que sólo eliminando a sus enemigos tendrá alguna opción. Las guerras de Puigdemont tienen siempre enemigo. Pero su enemigo, aún sin saberlo, es él mismo, el propio president. Su rival es su vida, sus fantasías, sus delirios. Esa es su próxima batalla. Lo peor es que su guerra particular por conocerse la paguemos entre todos.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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