Leyendo (con alcohol) la Constitución catalana

6 min
Viernes, 13.05.2016 00:00

Sí, debo admitirlo. Era una noche lluviosa. La verdad es que había acabado con la segunda botella de ginebra y, desesperado, necesitaba algo para sentir aún más intensamente la vida. Pensé en soluciones perversas y, cómo no, me vino a la cabeza la presidenta del Parlament, Carme Forcadell. Ya dicen que el alcohol es malo para la salud.

¿Quién puede dedicar 6 horas cada día durante 15 meses a un proyecto de tal índole? No viven, no duermen, no comen, no follan, no trabajan (eso parece obvio)

Sobre mi cabeza se repetían los informativos de TV3 explicando su reunión con el grupo de expertos que había redactado la Constitución catalana. Pensé: "Si una mente tan profunda como la de Forcadell había recibido a tal 'amalgama de genios', será porque han escrito una maravilla". No dudé y, con una última botella todavía sobre el sofá, abrí mi ordenador para ver esa nueva obra de arte: la Constitución catalana.

Aún con alcohol en las venas, pude permitirme colocar mi calculadora amiga al lado. Nada más empezar la lectura, procesé el primer cálculo. "¡Dios mío!", pensé. Estos genios de la inteligencia humana dicen haber dedicado 2.600 horas en 15 meses. Raudo, calculé. Eso da 175 horas al mes, es decir, casi 6 horas al día los 30 días de un mes. Está claro que esta gente son unos cracks. ¿Quién puede dedicar 6 horas cada día durante 15 meses a un proyecto de tal índole? No viven, no duermen, no comen, no follan, no trabajan (eso parece obvio).

Por suerte para ellos, leí que no estaban solos. Confirman 3.400 aportaciones de los ciudadanos. Considerando, hipotéticamente, una por cada ciudadano son menos que los votos de la ANC. Mucho menos que los socios del RCE Espanyol. Vamos, menos de un 0,1% de los catalanes. Hasta mi calculadora cogió la botella para dar un trago y se negó a calculo tan ridículo. Yo, sumergido en el alcohol, observé otro detalle extraño. Si tan interesantes son las 3.400 aportaciones, ¿cómo es que, pensando que solo han debatido eso (dato falso claro, porque algo habrán aportado ellos), les han dedicado menos de 50 minutos de media a cada una? ¿La opinión de esos 3.400 catalanes no vale ni una hora del tiempo de esos genios?

Pero quizás esté equivocado. El alcohol, mi ya alcohólica calculadora y mi instinto poco patriota me confunden, barrunté en voz baja. Leer las 73 páginas debe ser apasionante. Solo el preámbulo, donde dice que somos "lo mejor de lo mejor". Pioneros en el mundo parlamentario, virtuosos de la Paz y la Tregua, herederos de culturas ancestrales. Vamos, los tipos no se comen la polla porque no llegan (de los 15, 13 son tipos alfa; ya ven, ¡la igualdad al poder!). Entiendo, por ello, la necesidad de Forcadell de recibirlos. Algunos siempre desean lo que nunca pueden tener.

Uno no sabe si reír o llorar. No tanto por los personajes. La mayoría vinculados, cómo no, a partidos políticos, sino por la indecencia de una presidenta del Parlament al recibirlos

Olvidando el alcohol, no las estupideces de las 73 páginas, uno no sabe si reír o llorar. No tanto por los personajes. La mayoría vinculados, cómo no, a partidos políticos, sino por la indecencia de una presidenta del Parlament al recibirlos. Quizás, como veo que le ponen las cosas vulgares, debería leer esta columna e invitarme a mí también a cenar. Seguramente vería que su mundo no es el mundo de todos los catalanes. Aunque seguramente, seamos sinceros, conociendo el personaje me debería llevar más botellas de ginebra y, cómo no, mi calculadora --totalmente alcoholizada-- para, al menos, tener algo de conversación inteligente.

Pero vamos a la esencia de la Constitución catalana. Un país líder en libertades pero basado en la familia (artículo 31). Donde cualquier delincuente puede ser candidato (artículo 134) excepto si ha sido condenado por "motivos económicos" (sic) --el resto delitos no cuenta--. O sea, barra libre para alcaldes asesinos, violadores, condenados en penal. Un país líder en democracia pero con elecciones cada 5 años e inviolabilidad del presidente, consellers y parlamentarios (artículos 69 y 79). Un país con una Constitución donde el artículo 31 obliga a comunicar a las autoridades las reuniones en lugar público --no suena muy democrático--. Un país donde volvemos a las veguerías medievales (artículo 128) y seguimos estructurados en base a los municipios. Ya ven, gestión eficaz con casi 1.000 en Cataluña (Galicia, más diseminada, tiene sobre 345). Y por cierto, un país donde se deroga una Constitución como la española, aprobada por el pueblo en su momento (artículos derogativos), y así podemos seguir, sin pausa.

Aunque quiero acabar constatando algo que hemos repetido muchas veces. El procés es el principio del exterminio de lo español en Cataluña. Pero no solo de la cultura, sino también de las personas. Leánse el punto transitorio segundo. Allí se quita la nacionalidad española: "Todos aquellos ciudadanos que en la fecha de declaración de independencia tengan la nacionalidad española (sic, creo que todos) y la vecindad (traducido, que estén censados) en Cataluña o que acrediten que viven desde hace cinco años son Catalanes de origen". Y continúa: "Sin perjuicio de su derecho a renunciar (sic, a la catalana), si desean conservar la nacionalidad española y la legislación española hace incompatible la doble nacionalidad (esta claro que es así, y lo saben)".

Y como hemos recordado en multitud de ocasiones, sin nacionalidad catalana no hay acceso a todos los derechos del país. Como aquellos letones apátridas sin derechos. Una limpieza étnica en toda regla. Toda una parafernalia, unos papeles infumables que sólo alguien de muy baja categoría como Carme Forcadell y, cómo no, TV3 como alma en vela, pueden elevar a la categoría de algo decente.

Porque la decencia es algo que algunos creen tener, pero es algo que cuando uno tiene que salir al ruedo debe no solo fingir sino presentar. Con la radicalidad al mando del independentismo en las instituciones, sus mentiras no pueden ocultarse mucho tiempo. Algunos hace meses y años que lo decimos. Por suerte, la gente normal, la gente corriente, empieza a ver que estas cosas de familia catalana huelen cada vez peor. Pero no duden que esos putrefactos seguirán intentando engañar hasta el último minuto. Por suerte, citando a Gabriel Rufián, esto al final "va de votos" y, como nunca diría el gran personaje, "no hemos llegado al 50%, pero a este paso volveremos, en breve, a nuestro natural 20% de la radicalidad". Palabra de Rufián, perdón el diputado en capilla claro.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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