Los viajes de Puigdemont

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Miércoles, 4.05.2016 00:00

Aquellos que nos dedicamos a la empresa privada sabemos de la importancia de nuestro tiempo. Cuando viajamos intentamos optimizar nuestra actividad al máximo. Por ejemplo, en una feria internacional, en mi caso del libro, intento realizar un mínimo de entre 12 y 16 reuniones por día. Una reunión cada media hora. Tiempo suficiente en una actividad ordenada para explicar e incluso para 'ser explicado'.

Es obvio que los representantes de la Generalitat no tienen ni idea de lo que es una empresa privada. Peor aún es que no tienen ni idea de organizar una agenda

Una reunión es un gasto a imputar en cualquier actividad empresarial. Si tenemos una reunión cada media hora con un gasto imputable de valor X, podemos llegar a calcular el coste de esa reunión a nivel interno. Por ejemplo, si vamos a una feria internacional con un coste (avión, dietas...) de 300 euros y hacemos 10 reuniones, cada reunión tendría un coste base de 30 euros. En caso de ferias con presencia de estand, la repercusión es diferente ya que debemos contar, además de las reuniones, las visitas imprevistas.

Cuando para preparar una feria o unas reuniones profesionales contamos también con una persona, o personas, desplazadas, debemos sumar sus costes. El tipo de reuniones en cada caso deben acotarse a los cargos de las personas representadas. Volviendo al ejemplo editorial, un presidente de una compañía difícilmente debería reunirse con un 'freelance fotógrafo'. Cada persona tiene su 'cargo', y el objetivo de las agendas es cuadrar al máximo esa estructura formal en cada reunión.

Todo esto básico parece romperse en el primer viaje de Puigdemont. Es obvio que los representantes de la Generalitat no tienen ni idea de lo que es una empresa privada. Peor aún es que no tienen ni idea de organizar una agenda. Dividiendo las cuatro ó cinco reuniones efectuadas en Bélgica por los gastos repercutidos hubiera salido más barato invitar a esas personas en avión privado a Barcelona antes que enviar al presidente más una cohorte de periodistas públicos (TV3, Catalunya Ràdio and friends) y asesores de paseo a Bélgica.

Más vergonzosa es la actuación del representante de la Generalitat en Bruselas, Amadeu Altafaj. Una persona incapaz de conseguir una reunión de nivel para su presidente

Más vergonzosa es la actuación del representante de la Generalitat en Bruselas, Amadeu Altafaj. Una persona incapaz de conseguir una reunión de nivel para su presidente. Volviendo al tema editorial, imaginen a un representante de una empresa privada viviendo en otro país, con sus gastos importantes, y cuando llega el presidente de la compañía no consigue reunirse más que con lectores o freelances. Triste, pero es la realidad de la visita de Puigdemont a Bélgica. Su representante ni una reunión ha cuadrado.

El president debería ser consciente que donde él no llega, con todos los respetos a muchas partes, debería llegar su equipo. Y si el responsable de agendar su primera visita internacional ha sido incapaz de conseguirle una miserable reunión de nivel, debería plantearse si tal humillación debería ser reprendida. Aquí no jugamos con el nombre de Puigdemont, aunque él se crea el centro del mundo. Jugamos con el nombre de Cataluña. La humillación del presidente es la humillación de Cataluña. Tanto por la incompetencia de uno al viajar sin apenas agenda, como de otro allí viviendo por no lograrlo.

Nadie duda que al president le gusta viajar. Aunque pensábamos que para pasear sin pena ni gloria por Europa ya estaba Raül Romeva. Visto lo visto, Puigdemont también parece querer apuntarse a conocer nuevas ciudades a costa del erario público. Aunque sus reuniones, de muy bajo nivel, pueda hacerlas cualquier otro representante del Govern sin tantos fastos. Peor aún, con los gastos de cada reunión, miles de euros, es más económico invitar a esos 'líderes europeos' --como el director del puerto de Gante-- a Barcelona. Seguro que el tipo está encantado, y los catalanes ahorramos la vergüenza de una foto protocolaria sin más sentido que el ridículo de un president y de nuestro representante ante la Unión Europea, Amadeu Altafaj.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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