Matando a la 'senyera'

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Viernes, 20.05.2016 00:00

A mí, prohibir ciertas cosas me da grima. Pero prohibir un trapo de colores, llámenle bandera española, senyera, estelada o un trapo de cocina, puestos a decir, es ya una aberración. Las banderas son símbolos y, como tales, podemos estar de acuerdo con ellos o no, pero cada cual debe aguantar su vela. Quien quiera protegerlo, debe legislar sobre ello. Y las leyes, gusten o no gusten, están para cumplirlas.

Prohibir un trapo de colores, llámenle bandera española, 'senyera', 'estelada' o un trapo de cocina, puestos a decir, es una aberración

Dicho lo cual, siempre pensé que la bandera de Cataluña era la senyera. Desde mi infancia así lo había percibido. Aquellas historias infantiles pero épicas sobre su creación tamizan aún los recuerdos de los primeros colegios en la época de Jordi Pujol. Sumen aquel héroe --ciertamente escribo de memoria y olvidé su nombre-- que con sus dedos ensangrentados trazaba las cuatro barras sobre un fondo amarillo. Por qué no decirlo, otro trapo, pero histórico.

Sorprende por eso que, ante la inoportuna estupidez de Concepción Dancausa, delegada del Gobierno en Madrid, personajes como Puigdemont, ojo, específico presidente de la Generalitat o Ada Colau, alcadesa de Barcelona, pongan el grito en el cielo. Ambos elementos deben saber que su deber es estar por encima de sus ideas personales. Su deber no es con ellos, con sus amigos, sino con todos. Y todos, reitero todos, hemos emanado que la bandera de Cataluña es la senyera. La única protegida por la ley. El resto son simplemente trapos. Algunos vinculados a un club, otros a un movimiento, otros a un folklore, pero en definitiva sin la cobertura legal necesaria.

Simplemente por eso, ambos meten la pata tanto como la delegada Dancausa. Por cierto, es gracioso recordar sus orígenes franquistas cuando el propio Puigdemont es nieto de un falangista reconocido. Por no hablar ya del cantante Lluís Llach, directamente franquista de pro en los no tan lejanos años 60. Esta doble vara de medir es tan estúpida que sorprende cómo aún puede ser usada tan vilmente. ¿La razón? Demasiado necio al servicio de todo menos la inteligencia.

Izar ahora el trapo estelado como símbolo de Cataluña es simplemente matar la bandera elegida por todos, la 'senyera'

Debemos intentar hablar con propiedad. Izar ahora el trapo estelado como símbolo de Cataluña es simplemente matar la bandera elegida por todos, la senyera. Poner un nuevo límite, una nueva barrera, una nueva división. Sorprende, además, eliminar algo tan histórico en un gobierno lleno de historiadores. Más por unos tratantes de la historia como la mayor riqueza de la milenaria e imaginaria Cataluña. Ahora esos mil años son sustituidos por un trapo creado por un personaje fundador de La Reixa. Ya saben, para quien no lo conozca, aquellos comandos fascistas de principios del siglo XX, que bien podríamos catalogar como la antesala de la ETA de Otegi.

Todo confuso. Profundamente analfabeto. Un presidente, Puigdemont, cuya función no es dirigir Cataluña. Es simplemente dirigir una parte de Cataluña. La función de Colau realmente desconocemos cuál es. Y en esa coyuntura ambos deberían pensar --dudo que esa sea una de sus capacidades más destacadas-- en si la ofensa es sustituir la bandera de todos los catalanes por la de un grupo de catalanes, radicales incluso podríamos decir. Porque matar, aunque sea la senyera, es matarnos un poco a todos. Algunos no querían muertos, tristemente, gracias a Dancausa, Puigdemont y Colau, ya tenemos el primero, la senyera . Asesinada entre todos, pero muerta, bien muerta. La han matado. Tras 100 años La Reixa del fundador de la estelada ya suma su primer muerto. Viendo lo visto, y tal como esta el patio, no será el único.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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