Los que apuntan, los que disparan

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Miércoles, 15.06.2016 00:00

En todo proceso populista de amedrentamiento hay dos fases. Primero una fase de apuntar. Todo aquello que no gusta al nuevo sistema debe ponerse en solfa. Quien no esta en el redil debe ser significado. Quien no comparte las ideas populares debe ser señalado. Listas, apuntes, en definitiva personas contra las que se debe apuntar.

Gente llena de complejos. Ponen el disparadero a alguien por opinar. Opinar, simplemente, de forma diferente. Abriendo, entonces, la veda a auténticos salvajes

Esta primera es una fase muy silenciosa. Solo aquellos afectados se dan cuentan. Muchas veces son movimientos nimios difícilmente mensurables. Yo mismo he percibido una acción de esas al cabo de los meses. Tan sucinta o estúpida debía ser. Típica gracia de elementos cuya máxima aspiración es ponerse debajo de una mesa a succionar subvenciones. Gente llena de complejos. Ponen el disparadero a alguien por opinar. Opinar, simplemente, de forma diferente. Abriendo, entonces, la veda a auténticos salvajes, en este caso lectores de cualquier bazofia subvencionada.

El que escribe estas líneas fue informado hace unas horas, casualmente, de una acción de ese tipo desde algún personaje acomplejado del diario Ara hace unos meses, en agosto del 2015. Ya ven no ensuciaremos la palabra periodismo para citar a mercenarios de la palabra. El tipo, un tal Gutiérrez, tiene a bien poner en el disparadero a quien no piensa como él. Por suerte, nuestro medio es leído por mercenarios como ese personaje para informarse. Su medio, el diario Ara, acumula 11 millones de pérdidas en cuatro años y ha recibido millonarias subvenciones tiradas por el retrete. Claro, tiene un uso menos intelectual.

La anécdota no pasaría de simpática si no fuera porque esos mercenarios de la pluma viven de la subvención. El dinero público en Cataluña es usado por algunos para apuntar. Luego van de ofendidos por el mundo, a lo Soler, la Terribas o el de la moto. Personajes sin sentido en una Cataluña tranquila. Vividores de la traca, de la matraca y, cómo no, del traca traca. Ellos apuntan, y luego alguien dispara.

Hace tiempo hablamos de que el procés está desinflado. Está hundido. El barco a Ítaca parecía girar, pero finalmente se está hundiendo. Algunos animales de pelaje largo, rabo estrecho pero puntiagudo ya han saltado. Los conflictos entre individuos como Francesc Homs y la ANC son sólo la plena constatación de la desunión. Ya saben que cuando un reto es marcado solo por intereses es complicado mantener una unión. Pero, mientras esos discuten, otros pasan a la segunda fase del proceso de amedrentamiento populista: disparar.

Disparar no es solamente coger un rifle, una escopeta, o una pistola. Disparar es llegar al insulto, al golpeo, al zarandeo, a la impunidad ante la ley. Los supuestos malos, definidos por esos apuntadores mercenarios, deben conocer la realidad de enfrentarse al sistema. Y aquí los malos, para esos patriotas, pueden ser dos chicas en medio de la calle, una política de paseo por la plaza de un pueblo ...o cualquiera de nosotros, simplemente, por no pensar como ellos. Mientras, quien debe imponer la ley parece mirar para otro lado.

Unos apuntan y otros disparan. Pero no se confundan, sin los primeros, los segundos no existirían

Unos apuntan y otros disparan. Pero no se confundan, sin los primeros, los segundos no existirían. Sin la labor mercenaria de tantos medios como el citado Ara o la misma TV3, todo el mundo podría pasear, cantar, vibrar con sus ideas en cualquier punto de Cataluña. Estos días está claro que eso ya es imposible. Curiosamente toda esa labor de apuntadores ha venido desde el dinero público. Poco dinero privado habría patrocinado tal homicidio moral contra el libre pensamiento. Y eso debe hacernos pensar en aquella frase tan original de algunos líderes sectarios del independentismo: "Somos la sociedad civil". Perdón, ¿alguien cree que sin el dinero de todos los catalanes --dinero público, no de la sociedad civil privada--, esto estaría donde esta?

Reflexionen unos y otros. Los que leen Crónica, y los mercenarios a sueldo venidos de medios putrefactos para informarse de la realidad de Cataluña. Esos Gutiérrez de turno. Aquí no hay sonrisas, pero aquí tampoco hay dramas. Por cierto, tampoco subvenciones. Debemos de decir cosas interesantes porque hasta ellos nos leen. A ellos, ni los suyos les leen. Rememorando a Gabriel García Marquez, "el coronel no tiene quien le escriba".

Algunos tenemos claro que, sin el dinero público, esos apuntadores estarían sumergidos en las cloacas de un submundo del que jamás deberían haber salido. Y uno puede disgustarse por el tono, pero invito a cualquier patriota a ser insultado, golpeado, expulsado de una plaza o calle. Luego piense si ese es el camino correcto. El gran problema de los populismos vacíos es el silencio de las mayorías. Y Cataluña no es una excepción. Ni en eso no somos diferentes de España, de Europa o de cualquier territorio del mundo. No inventamos la pólvora, ni descubrimos América, ni fuimos los primeros en ir a la Luna.

La verdad es que, a mí, los Gutiérrez mercenarios --el resto son respetables-- no me acojonan. Es más, tengo facilidad para el cachondeo. Hasta me tomaría una cerveza con él. Eso sí, le pediría por una vez que pagará de su bolsillo, no del bolsillo de todos. Porque algunos han convertido la indecencia en su forma de vida. Y, Gutiérrez, coño, en serio, diviértete un poco. Ya entiendo que es jodida la postura gutural bajo las mesas pero, en serio, si escribieras libremente --aunque sea eso que quieres hacer pasar por humor-- como hacemos otros, verías que es más satisfactorio. Además, no tendrías que limpiarte tanto la boca por tragar tan menudo impurezas. Ya ven, unos apuntan, otros disparan. Y entre todos ellos hundieron el barco. Hay que joderse, si esta es la Cataluña Libre donde querían llegar.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.