Puigdemont, el digno

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Viernes, 10.06.2016 00:00

Que alguien vaya de digno por la vida puede tener un pase. La mayoría podemos tener algún momento de lucidez en nuestro ego. ¿Por qué no? También podemos tener nostalgia de tiempos mejores o, cómo no, peores, recordándolos recostados en cualquier sofá. Es más, en una noche de lujuria, litros de alcohol y sexo desenfrenado tenemos incluso licencia para dejar escapar cualquier estupidez por nuestra boca. ¿Qué lector no lo ha hecho? Aún más, podemos salivar efusivamente con esa sensación húmeda de dignidad supina. Todo eso, en la vida real, es permisible. Y les digo más, en la mejor vida, hasta estaría permitido.

Que un filólogo sin título, que un periodista sin carrera, que un presidente sin votos, juegue a la dignidad es convertir su figura bachiller en un icono surrealista

Hasta ahí, tonterías básicas de cualquier columnista barato de La Vanguardia. Esos con premios literarios catalanes de tres al cuarto pagados con dinero púbico, no público. Ya saben, esos que mueven con elegancia el dedo al hincar, nunca mejor dicho, una copa de coñac del Mercadona en casa. Siempre a la espera de una invitación a cualquier acto institucional donde trincar algo mejor. Por suerte, esto no es La Vanguardia. Ya entiendo que, para los críticos, es por desgracia.

"Si hubiese sabido que los acuerdos mutan, no me habría metido en esto", frase dicha por Carles Puigdemont, presidente, supuesto que algo más de centenar, de la Generalitat, en 2016. Que un filólogo sin título, que un periodista sin carrera, que un presidente sin votos, juegue a la dignidad es convertir su figura bachiller en un icono surrealista. Un grito --a lo cuadro del Noruego Munch-- solicitando al trote la vuelta inmediata de Artur Mas. Ese conocido como el astuto. Carles pasará a la historia, del cachondeo claro, como Puigdemont, el digno. Hay que ser... hay que ser... indigno para decir tal memez.

Siempre he pensado que uno debe humillarse en público lo mínimo. La autocrítica es la base del progreso, de la evolución, incluso de las personas. La memez, el ego desmesurado, el supuesto control de una situación cuando uno apenas controla cómo tirar la cadena del WC es algo así como validar la impunidad de la tontería en un aula pueril. Uno puede ser malo, nefasto, mal gestor, pedante, derrotado, deprimente, incluso con pocas luces. Pero jamás debe manifestarlo ejerciendo un cargo público. Simplemente, eso es indigno. Que Puigdemont sea capaz de pensar que él solito eligió ser presidente es la humillación más grande del cargo de presidente de la Generalitat en su historia.

Artur Mas es conocido como 'el astuto'. Carles pasará a la historia, del cachondeo claro, como 'Puigdemont, el digno'. Hay que ser indigno para decir tal memez

Uno puede explicar mentiras. Uno puede explicar batallas a sus hijos, a sus nietos, a sus amantes, a sus amigos y hasta a sus enemigos. Pero uno debe ser consciente de cómo ha llegado a los lugares, y qué se espera de él. Viendo su currículum de bachiller falso y troceado de cargos bañados en dinero público podíamos esperar poco del presidente. Realmente muy poco. Pero, sinceramente, no tan poco como sus palabras. Uno al final mira a los vecinos de la CUP, y casi le da una alegría --es ironía, claro-- por que alguien tenga los santos cojones de decir basta a estas pléyades mitológicas de vividores de lo público.

Algunos siempre lo hemos dicho. La independencia es algo potencialmente asumible. Podría ser un escenario defendible en unos años o décadas. Pero ahora es inviable. Principalmente por tener detrás personajes con una base intelectual tan reducida. Con un ego tan desmesuradamente grande y una prostitución indigna como forma principal de vida. A todos esos habría que ponerles a trabajar para saber qué cojones es sudar para conseguir llegar a final de mes. Seguro que así se acababan las tonterías. Con tristeza, al menos podemos aún reír. Como en esa Edad Media, que tanto desean algunos, ya añadimos un nuevo personaje a la historia catalana. Después de Artur Mas, el astuto, llega ahora a sus pantallas Carles Puigdemont, el digno. Perdón, pero es para cagarse...

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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