El silencio de los corderos

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Miércoles, 8.06.2016 00:00

No haremos un repaso a la película de Jonathan Demme de principios de los 90. El tema es más sencillo. Como verán, mucho más sencillo. Los corderos en silencio están siempre, expectantes ante cualquier ruido. Su silencio, curiosamente, no significa tranquilidad. Su silencio, bien al contrario, es simplemente miedo. Son corderos, pero no idiotas.

Ante el sexto sentido del depredador, el cordero está más protegido en silencio. Siempre rodeado, en compañía, en rebaño. Salir del mismo no siempre es producente. Un cordero solo, abandonado a la intemperie, es una presa fácil. Hacer ruido en la noche también puede llamar la atención del enemigo a kilómetros de distancia. Por lo que el silencio se convierte en su mejor defensa ante el miedo atroz a ser presa del depredador.

Un personaje cobarde no debe ejercer un cargo público, un cargo representativo. Si no está capacitado simplemente debe renunciar

El depredador, por antonomasia, el lobo en la literatura más clásica, es inteligente. Huele el miedo de su presa y aúlla en las cercanías del rebaño para presionar con más intensidad. Movimientos cortos, agazapado entre cualquier matorral. Ruidoso hasta el desespero. Sabe que su ruido es a la caza lo que el silencio a la supervivencia del cordero. El lobo siempre en grupo, en manada, nunca en soledad. Así es un bicho cobarde y ruin.

El escenario está bien definido. Si queremos cambiarlo, debemos valorar diversas opciones. Bien hacemos hablar al cordero, pasar del silencio al ruido; bien trabajamos para disgregar la manada de lobos. Un lobo solitario es cobarde. Aunque bien alimentado, en soledad, puede ser incluso dócil como un perro. Es obvio que pensar en aventuras en solitario del cordero es un suicidio individual. Aunque, dejar a los lobos aullar a sus anchas, simplemente para asustar al rebaño, tampoco es una gran idea.

Conceptualmente, el lobo jamás debe ser exterminado. Aunque algunos ejemplares extremadamente instintivos deben ser bien controlados. Muchos lobos al final son como corderos. Hasta añoran el silencio. Pero su miedo al qué dirán les impide delatarse ante su otro yo. Poco valor también a salirse del rebaño para vivir en soledad. Al final, requieren paciencia, enseñanza, y respeto.

El lobo bueno es, además, un patrimonio de todos. Mientras que el lobo asesino es un escombro andante. Debe ser arrinconado con firmeza, separado de la manada y, en último caso, condenado al ostracismo. Condenarlo a vagar por bosques oscuros, donde sus aullidos reflejen su propio temor. Cuando entre lobos hay miedo para separar al mal bicho, hay un gran problema. Siempre falta algo. Por eso, algunos corderos deben romper el silencio para, con paciencia, expresar que su silencio ya no quiere ser más silencio. Que su ruido quiere ser el ruido del lobo. Incluso proponer que su rebaño pueda convivir con lobos. Al final, lobos y corderos son simplemente animales. Y no creo que nadie dude de que un grupo de corderos atemorizados ante un lobo solitario puede ser tan peligroso como una manada de lobos ante un cordero perdido.

Por suerte, en la vida, no en la literatura, las personas tenemos leyes para agilizar esa convivencia más animal. Estas pueden gustarnos o no, pero están ahí para cumplirse. Si algún animal en forma de lobo o cordero, en solitario o manada, excede sus funciones, debe ser castigado. Quien agrede, quien ocupa, quien simplemente cree que la vida es un matorral donde aullar para atemorizar a los corderos, debe ser perseguido. Y la ley marca el límite donde debemos llegar.

Cuando unos medios catalanes no informan en tiempo de una agresión claramente política como la de Sant Andreu es simplemente por miedo

El silencio de los corderos nunca debe ser el silencio de la ley. Y ahí quien no es capaz de aplicar la ley debe salir inmediatamente del rebaño. Un ejemplo con nombre y apellido: Roberto Fernández, rector de la Universidad de Lleida. La universidad debe ser el paradigma de la libertad. Nunca el miedo puede ser su motor. Un personaje cobarde no debe ejercer un cargo público, un cargo representativo. Si no está capacitado simplemente debe renunciar. Nadie pide sacrificios personales, pero sí cumplimiento de la ley.

Si el temor penetra, con más fuerza aún, en la sociedad catalana alimentaremos un problema mayor para años, para siglos. No es tiempo de cobardes. No es tiempo de rectores que prostituyen sus responsabilidades simplemente por pánico. Nadie les obliga a estar allí, pero quien esté debe ser consciente de su responsabilidad.

El rector pero no es el único caso de estos días. Los políticos, algunos por auténtica inutilidad, otros por pánico manifiesto, también deberían tomar nota. Comportamientos extraños explicables solo por la variante del miedo o, peor aún, por el interés a generar miedo. Aunque, cómo no, por último pero no menos importante, los medios de comunicación. Cuando unos medios catalanes no informan en tiempo de una agresión claramente política como la de Sant Andreu es simplemente por miedo. Miedo a perder la subvención, miedo a informar de lo que creen que no toca. Algunos de esos cobardes quieren hablar pero entre lobos es difícil salir de la manada.

Por eso, es interesante una sociedad como la catalana, donde disfrutamos el sonido del silencio de los corderos. A estas alturas, algunos no sabemos si los lobos se han convertido en corderos, o los corderos se han vestido con piel de lobo. Pero está muy claro que "lo que era, no es lo que es". Y, peor para otro, "lo que es, no se parece a lo que algunos querían que fuera". Al final, el silencio de los corderos es tan atronador que algunos viejos lobos creen que solo podrán silenciarlo con sangre. Pero, por suerte, otros ya empezamos a escuchar con más fuerza el silencio de los corderos. Y, de verdad, no saben la tranquilidad que da oír ese silencio atronador.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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