Los 'indepes' tienen un malsano complejo de superioridad

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Miércoles, 27.07.2016 23:57

Este artículo es la continuación del domingo (La mentira necesita de unas gotas de verdad). La frase que lo resume es que un punto de verdad es clave para que cuele la mentira. Pero eso no es suficiente para que se lo crean las personas inteligentes. Necesitan otros dos factores tan importes como éste.

Hablo de las personas inteligentes, los lelos no necesitan más porque se tragan las ruedas de molino. Son capaces de aceptar que el autor de El Quijote no es madrileño sino levantino, que Cristóbal Colón no era genovés sino un hermano del presidente de la Diputación General apellidado Colom, y que las tres carabelas no salieron del puerto de Palos sino de Pals de la Costa Brava, porque los andaluces pobrets no se atrevían a penetrar en el misterioso mar de la Atlántida.

Eso no lo he leído sino que hace 20 años el pseudohistoriador de Arenys d’Amunt, Jordi Bilbeny, el promotor del primer referéndum de ese pueblo del Maresme me lo contó en persona. Me tuvo media hora de reloj al teléfono intentando venderme esa moto y que cayera del caballo de mi ignorancia para abrazar la fe verdadera. Desde los años 90 vive de este cuento alucinógeno, y el pasado año elucubró que Leonardo da Vinci también era catalán… Aluciné con él, porque quería convencerme de su locura.

El segundo elemento para que triunfe una mentira es que sea agradable a oídos del pueblo al que se quiere engañar 

En ese artículo cité tres ejemplos históricos, de tres ideologías opuestas: la nazi, la comunista y la de los luditas para demostrar que esa táctica de gotas de verdad para que cuele la mentira no es patrimonio de una ideología sino que es transversal. El denominador común es el de la sinvergonzonería, y como el artículo se propagó por las redes hubo quien me dijo que empleaba la ley de Godwin al usar banalmente a Hitler. No entendieron mi argumentario. O no supe explicarme.

Pero no volveré a ello, porque no quiero que me pase como el domingo que me quedé sin poder detallar los otros dos elementos imprescindibles para que penetre una mentira y que se convierta en verdad en la mente de muchas personas de buena fe, al margen de repetirla cien veces como explicaba Joseph Goebbels en sus 11 principios de la propaganda política que nos hicieron estudiar en la Facultad de Ciencias de la Información a finales de los 70.

El segundo elemento para que triunfe una mentira es que sea agradable a oídos del pueblo al que se quiere engañar, que genere autoestima, orgullo de pertenecer a una comunidad. Lo cual no deja de ser una idiotez porque uno se puede sentir orgulloso de lo que ha conseguido, no de lo que se le ha dado. Y me veo obligado a ejemplarizarlo con el ascenso del nazismo con una emocionante secuencia de la película Cabaret que a principios de los 70 lanzó al estrellato a Liza Minelli y que arrasó con ocho estatuillas en los Oscar de 1972. La canción El mañana será nuestro consigue que un adolescente barbilampiño, rubio y con ojos azules ponga en pie a todo un merendero cantando henchidos de fervor patriótico esa emocionante. Al adolescente que yo era entonces consiguió ponerle la piel de gallina.

Pau Casals repitió ante la ONU en 1971 lo que escribió Ferran Soldevila por encargo de Cambó

El éxito del nacionalismo es precisamente este: es una llamada al subconsciente, a las raíces. No importa que esas raíces sean inventadas. Hay que crear falsos mitos para apiñar la masa. Apelar a la sangre vertida por nuestros antepasados de hace 302 años porque el contador de la Historia no para nunca…

¿Quién no recuerda el emocionante discurso en 1971 del genial violoncelo Pau Casals en el pleno de la ONU diciendo que Catalonia tenía un parlamento democrático antes que la Carta Magna inglesa?

Pau Casals era un gran músico y una excelente persona, pero su nivel de conocimiento de la Historia no estaba al mismo que el artístico ni personal, sino que repetía La Història de Catalunya de Ferran Soldevila, escrita por encargo de Cambó durante la II República; y los artículos periodísticos del presidente de la Generalitat de ERC en el exilio Antoni Rovira i Virgili.

Pau Casals creía a pie juntillas lo que escribieron Ferran Soldevila y Antoni Rovira i Virgili que era una visión romántica del pasado de Cataluña que ha sido revisada completamente por los historiadores actuales a partir de la escuela de Jaume Vicens Vives que abrió la historiografía catalana contemporánea.

El gaditano José Cadalso fue el primero en asegurar que una Cataluña independiente sería la Holanda del Mediterráneo

Vamos, que el nacionalismo, todo nacionalismo sin excepción, necesita alimentar el ego nacional. La autoestima. Que una Cataluña independiente sería la Holanda del Mediterráneo es un cantinela que lanzó por primera vez en el siglo XVIII el escritor gaditano José Cadalso, ya en tiempos de los Borbones opresores por la historiografía romántica personificada en los amigos de Pau Casals.

La autoestima no amaga un malsano complejo de superioridad sobre el resto de pueblos de España.

Y me queda un tercer elemento para que cuaje la mentira pero, como el pasado domingo, me he quedado sin espacio. Así que el tercer artículo y último tendrá que esperar al jueves. Exigencias del espacio. Sorry.

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director de la 'Revista del Vallès', era el segundo semanario comarcal más antiguo de Cataluña, y director de Honor de 'El Vallès del siglo XXI'. Ha escrito nueve volúmenes de 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2016 se publicará el décimo ('Historias de mujeres vallesanas')-, donde explica sus experiencias de esos años como director del comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... Se le puede seguir en Facebook y en Twitter, donde cuelga otros artículos.

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