Invierno de 2016

6 min
Viernes, 8.07.2016 00:00

Seguramente algunos, con los calores del verano, no se han dado cuenta. Pero en Cataluña seguimos estando en invierno. No un invierno de guantes, gorritos y suéter de cuello alto. Sino uno temporalmente largo, como aquellos donde los ositos escondidos en cuevas dormitan todo lo habido y por haber. Un invierno que comenzó en enero con el pacto contra natura entre JxSí y la CUP, y que a día de hoy continúa helando cada mañana los caminos de los ciudadanos.

Un invierno que comenzó en enero con el pacto contra natura entre JxSí y la CUP, y que a día de hoy continúa helando cada mañana los caminos de los ciudadanos

La política nunca ha gestionado el clima, excepto en Cataluña. Puigdemont prometió un "modo interinaje" de 18 meses, pero en semanas ya quería perpetuarse como nuevo líder. Curioso pero, ahora, visto lo visto, no llegará ni a parir a los 9 meses. Un presidente con más claros que oscuros. Con unas investigaciones al acecho en su capital, Girona. Un personaje sacado por la chistera del ostracismo por el astuto Mas.

Mas, casualidad también, sobrevive a un invierno, en su caso, nuclear. Alguien que se carga la mitad de sus diputados, hunde un partido, divide un país, es aún capaz de hablar de renovación sin caérsele la cara de vergüenza. Sorprendentemente, todos renovados menos él. Esto recuerda esa historia estalinista donde ante cualquier problema el líder purgaba a todos aquellos que simplemente habían cumplido sus ordenes. Tal es el desespero de algunos que ni la fidelidad es pagada en Cataluña. Y Mas, en política desde principios de los 80, va camino de cumplir tantos años como Franco con poder. Parejos en cobrar de lo publico, tener fieles en su Plaza de Oriente y no bajarse del coche oficial. Curiosa comparación.

Mientras, en el otro lado de la historia, Puigdemont inverna esperando la primavera de las CUP. Otros, por su parte, siguen haciendo méritos para no ser purgados. Ahí tenemos al amigo Raül Romeva. Haciendo un homenaje en nombre de todos los catalanes a 50 radicales catalanistas muertos en las tierras del Somme durante la Primera Guerra Mundial. El consejero debería plantearse si sus futuros actos irán en consonancia con el número de catalanes o con sus ideas partidistas.

Decimos eso porque quizás Raül Romeva ha olvidado que es consejero de todos los catalanes. Por número, eran escasos 50 en las tierras del Somme, pero más de 10.000 catalanes de los 45.000 de la División Azul en la Segunda Guerra Mundial. También allí había catalanes de esos con apellidos que tanto gustan a los Puigdemont y Mas. Esos de ocho apellidos catalanes, como Badia, Meseguer, Mitja, Fornet, Fàbrega, Jordà, Mercadal, Bonacasa o Tremols. Pero, para este gobierno, 50 siempre es más que 10.000, y algunos catalanes no lo son por nacimiento sino simplemente por ideas. No esperen un homenaje a los miles de catalanes de la División Azul, pero si a los 50 radicales del Somme.

Pero el invierno deja aún personajes más crueles. Más crueles con la inteligencia. Ahí destaca el personaje de las gafas blancas, Joan Maria Piqué Fernández. Antiguo jefe de Prensa del presidente. Supongo que partícipe del desastre en la comunicación del astuto. Ahora colocado como director del Programa Internacional y de Relaciones Públicas de la Generalitat. Ya ven, por título que no quede. Aunque, ya saben, las malas lenguas dicen que en el fondo sigue trabajando para su amo. Sin collar, pero sigue.

Pero el invierno deja aún personajes más crueles. Más crueles con la inteligencia. Ahí destaca el personaje de las gafas blancas, Joan Maria Piqué Fernández

El tipo --en una demostración de que la inteligencia no siempre está ubicada detrás de unas gafas-- presentó un mapa con las universidades del mundo donde se enseña catalán. El primer país era Francia. Sorprende porque todos sabemos el amplio respeto (modo ironía on) que hay en Francia por las lenguas regionales. España no quedaba bien en el mapa. Pero curiosamente habían olvidado las universidades de Cataluña, Baleares y Valencia. Un descuido accidental, claro. Sumándolas, obviamente, el país del mundo con más enseñanza en catalán es España. Cualquier francés de habla regional lo confirmaría sin dudar. A algunos les molesta, pero es así. Por mucho que moleste, España es un ejemplo en la cohabitación y respeto a las lenguas. ¿Podría hacerse mejor? Por supuesto. Todo en esta vida puede hacerse mejor.

No hace falta decir que, si además rascamos un poco, algunos departamentos donde se da el catalán por el mundo no es por mero interés del ciudadano local. Se detecta fácilmente el interés de algunos en vivir en países apasionantes a cargo del presupuesto catalán. No están mayoritariamente en América del Sur o el Sudeste Asiático, sino en Estados Unidos o Europa, donde obviamente se vive mejor. Gente, además, con todo pagado desde Barcelona para fomentar su capricho. Porque ¿qué mejor que vivir del dinero público catalán en algún lugar del mundo? Pequeño detalle que el chico de las gafas olvidó.

Aunque, puestos a hablar de personajes invernados, por no decir inventados, nadie mejor que Amadeu Altafaj. Un periodista en Bruselas convertido de facto en el representante de Cataluña en la Unión Europea. Sí, el mismo de los chistes sobre el camarero de Quimi Portet. Amadeu es conocido --dejésmoslo ahí-- por sus grandes gestiones de los viajes de Puigdemont. Sí, aquellos en los que el presidente habló más con el taxista o el recepcionista del hotel que con políticos europeos. Otro clasista de traje impecable subido al carro del dinero público con poco demostrado, excepto la pleitesía.

Visto lo visto, quizás por eso este invierno se está haciendo muy largo. Desde enero no sale el sol en Cataluña. La verdad, nubarrones tampoco se ven. El frío los desinfló. Ese frío en las calles, en las farmacias, en todo aquello que no es mantenido por el dinero público. Frío de invierno. De personajes oscuros, abrigados, con hedor a sudor de no lavarse en mundos ajenos a lo público. Tiradores de cartas, cantantes de baja estofa, soñadores de limbos aromáticos escindidos de cualquier poltrona de bajo contenido. Uno duda de si, con un invierno así, el verano será más intenso, o simplemente, nunca aparecerá. Personajes así no matan a un pueblo, son capaces de matar hasta el cambio climático.

Artículos anteriores
¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.