El largo café con leche del verano

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Miércoles, 6.07.2016 00:00

Uno, con unos cuantos viajes a la espalda, pero a su vez con una ignorancia manifiesta en los idiomas, tiene una sana manía. Soy incapaz de pedir un café con leche. Siempre pido un capuchino o un expreso. Dos términos inexcusables en Shanghai, Sidney, Kuala Lumpur, Washington o hasta Formentera. Si traducir por el mundo el coffee with milk es complejo, ni les comento la variedad peninsular, manchado, largo, corto, en vaso o en taza.

En Cataluña tenemos esa disparatada costumbre de confundir idioma y cultura. Algunos incluso dicen vivir de la cultura cuando realmente viven del idioma. Cobran por usar un idioma en vez de por hacer cultura

Total, para mí, los idiomas son simplemente una forma de comunicación. La clave es entendernos y, si alguien no entiende, cambiamos de idioma. Por desgracia, desconozco el 99,99% de los idiomas del planeta. Aunque mis confusiones orales siempre se pueden solucionar con una sonrisa. Hace años, en Hong Kong recuerdo haber hecho la típica señal de firmar para pedir una cuenta en una cena. La respuesta fue un papel y un bolígrafo. Reímos, utilizamos signos para aclarar el tema --no hay nada como enseñar una Visa para que la gente entienda las cosas-- y todos felices con una anécdota más. Los idiomas son intercambios de signos; la cultura, aunque algunos no lo entiendan, es otra cosa.

Y en Cataluña tenemos esa disparatada costumbre de confundir idioma y cultura. Algunos incluso dicen vivir de la cultura cuando realmente viven del idioma. Cobran por usar un idioma en vez de por hacer cultura. Lo llaman cultura pero realmente es simplemente idioma. Algo inaudito en sociedades respetables. Pero ya ven. Quien no tiene cultura --en un palabra, un inculto--, tira de su único y limitado conocimiento, el idioma, para envolverlo como una conquista muy personal. En Cataluña tenemos unos cuantos.

A uno que es catalán, nacido en Cataluña, de madre catalana y, desde pequeño, comunicándose en catalán en casa con sus hijos, le importa un carajo cuando pide un café si un camarero en Formentera, en Barcelona o en Manresa le entiende en catalán o no. Vamos, lo mismo que me importa en Londres o en París. Simplemente, como en otros lugares del mundo, "quiero ese puñetero café". Y si no le entienden, lo pide en otro idioma más soez, señalando. Y si aún no le entienden, por ejemplo en China, pues con signos. Ya saben, ese gesto de girar la muñeca hacia la boca.

Pero volvamos al barco de Baleària, donde esta columna ha estado desde la primera línea. La verdad es que a mí la forma esa vulgar de querer pedir un café con una "fotografía personal" me parece no sólo ridícula, prepotente y narcisista, sino incluso estúpida. Porque me da Quimi, el tipo, al final, tampoco tomo el café. Y quiero pensar que ese era su único objetivo. Aunque, vista la respuesta placentera de la community manager de la compañía del barco, ya desaparecida, quizás pretendía conseguir unos viajes gratis a costa del patrón, más que tomar un café.

Nunca un café dio para tanto. Y encima con leche. Todo sorprende. Y más en un lugar con dos idiomas oficiales

Nunca un café dio para tanto. Y encima con leche. Todo sorprende. Y más en un lugar con dos idiomas oficiales. Porque algunos olvidan que no sólo hay un idioma en este pequeño rincón de España. Ni hay un idioma, ni hay una sola cultura. Eso sí, lo único cierto es que todos somos catalanes. Formados de la mezcla de personas, de la mezcla de idiomas. Somos personas hablando, entendiendo, comprendiendo. Afortunados por disponer de la suerte de intercambiar nuestros conocimientos, en un lugar maravilloso. Donde disponemos de dos idiomas para comunicarnos, dos idiomas ricos para vivir. Las culturas no son idiomas. Los idiomas simplemente forman una parte de la cultura.

Algunos trasnochados incultos, vividores de la subvención por el idioma, creen que las lenguas son cultura. Y se equivocan. La base de la cultura es enriquecer a la gente. Y las posturas racistas, de pensamiento único, son la antítesis de la cultura. Si ellos consideran que Cataluña es una, grande y libre, con un sólo idioma, que propongan un referéndum para su único uso. Se llaman a sí mismos demócratas y tipos de las sonrisas pero, cuando los números crujen, vierten ese pequeño tufo cortesano del mal perdedor. Son ellos, los Soler, los Mikimoto o las Terribas de turno. Todos han olido pollo, y han dicho pollo.

Quizás algunos deberían viajar un poco más. Por cierto, con su dinero, no con el de todos. Quizás algunos deberían ir a pedir café con leche por el mundo. Al final se darían cuenta de que, como yo, para disfrutar al máximo no hay nada mejor que un capuchino o un expreso. Uno no se complica la vida. Hace más llevadero el verano. También, impiden que elementos como la community manager de Baleària --por cierto, con apenas 300 seguidores; está claro que no era lo suyo-- queden en ridículo por gemir ante un famoso. Al final, las pajas de confundir idioma y cultura se acaban con algo tan simple como viajar. Y algunos confunden viajar --aventura, cultura, reto, destino, pasión-- con simplemente ser servidos en su único idioma. Triste país es aquel en el que la cultura no es más que esclava del idioma. Y más tristes son esos buscadores de esclavos para vivir de ellos.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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