El nombre de la cosa

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Miércoles, 13.07.2016 00:00

¡Vaya birria de nombre que se han sacado de la manga los convergentes a la hora de hacer como que se refundan! Partit Demòcrata Català. En el mejor de los casos, no quiere decir nada, pues en democracia se supone que todos los partidos son democráticos; y en Cataluña, todos son asimismo catalanes. Y en el peor, la cosa puede hasta resultar ofensiva: ¿Insinúan que los demás partidos de por aquí no son ni democráticos ni catalanes? ¿Tanto costaba seguir el ejemplo del PNV, una asociación política tan lamentable como Convergència, pero más sincera a la hora de definirse? Partido Nacionalista Vasco. Un nombre descriptivo a más no poder y que no ofende a nadie. Un partido para vascos que, además, son nacionalistas. Partit Nacionalista Català hubiese cumplido la misma función aclaratoria, pero la opción elegida, como ya he dicho, o no significa nada o lleva muy mala intención.

Desde que se supo que el fundador de la secta evadía impuestos y que su familia era una asociación de delincuentes, había que eliminar cualquier concepto emparentable con los orígenes de la formación

A fin de cuentas, aquí de lo que se trata es de despujolizar el partido. Desde que se supo que el fundador de la secta evadía impuestos y que su familia era una asociación de delincuentes, había que eliminar cualquier concepto emparentable con los orígenes de la formación. Vamos, que había que cambiarle el collar al perro, pero no sacrificarlo, pues está en juego el futuro de muchas familias biempensantes y mejor estantes. Lo de la refundación nunca se lo ha creído nadie, ya que siguen saliendo las mismas caras por televisión, de Rull, Turull y Tururull a Neus Munté pasando por el Astut Mas y Quico Homs, pero si la principal seña de identidad del nuevo engendro es la independencia, no le auguro un futuro muy brillante. Hay mucha competencia en ese anhelo imposible, y ni ERC ni la CUP les van a poner las cosas fáciles.

Pero me temo que solo se trata de salvar los muebles y, sobre todo, de que se salve Artur Mas, alguien que debería irse a casa porque si no es gafe, lo parece y rompe todo lo que toca. El problema del Astut estriba en que su incompetencia alcanza por igual a lo privado y a lo público. Los pocos años que no vivió a costa de los impuestos de los catalanes, fue un ejecutivo desastroso en todos los cargos empresariales que ostentó. Nuestro hombre no es David Madí, ese chico tan listo que se mueve por la empresa privada como pez en el agua, y si deja la política no tiene a dónde ir. De todos modos, a mucha gente de su edad --que también es la mía-- la prejubilan, y eso sería lo más adecuado en su caso. Aunque su peculiar idea del patriotismo le lleve a creer que aún puede dejar Cataluña mucho peor de cómo la encontró, no hay por qué seguirle la corriente, como parece dispuesta a hacer la aborregada masa del PDC.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España
Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.
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