Vallés o sea la libertad

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Domingo, 31.07.2016 22:45

Hay artistas agradables; los hay bonitos; los hay complacientes... A algunos los exponen en los museos, en las últimas páginas de los periódicos, en… quién sabe dónde. Hoy día hay lugar para cualquier creador, por mínimo que sea, siempre hay quien le da espacio.

Ya no creo en la leyenda romántica del artista desconocido (artistas como Van Gogh descubiertos años después de su muerte). No: todo está expuesto, hay escaparates.

Incluso el gran Miguel Noguera, de estética feísta y de entrada desagradable, ha encontrado un rincón muy distinguido en la revista Papel, suplemento dominical de El Mundo donde yo mismo colaboro cada semana.

En su humor actual advierto una nueva suavidad, la misma empatía de siempre pero como quien dice aterciopelada por unos pasos de distancia

Vale.

Pero entonces… ¿Vallés?

¿Siendo tan creativo y literalmente genial por qué no lo veo en sitios distinguidos?

Es tan singular que no sólo ha necesitado 20 años para publicar su tercer álbum, Mira que eres perro, después de Cuarenta años de balde y Joder con los Aguirre, sino que lo que ahora hace lo publica en su cuenta de Facebook.

Que es casi como meter tus dibujos en una botella y tirarla al mar.

¿No será que así confirma una superioridad?

                                                                                           * * *

En su humor actual, aunque tan iconoclasta como siempre, advierto una nueva suavidad, la misma empatía de siempre pero como quien dice aterciopelada por unos pasos de distancia… Es la indiferencia que dan los años.

Me recuerda el poema donde Valle-Inclán defiende su estética contra los académicos y filisteos de su época:

“Y esta musa grotesca/ --ya no digo funambulesca--, ¿no será la musa moderna?.../ Bebo un vaso de bon vino/ y sigo cantando mi camino…”.

Querido lector, has de tener una cuenta en Facebook. Por ahora no tienes otra forma de asomarte de vez en cuando a la imaginación extraña y privilegiada de este superviviente de Por Favor, el único que queda vivo, el más libertario, el mejor, que sin que nadie se lo pida garabatea la verdad como por inercia.

Con motivo de las pasadas elecciones ha publicado una serie de dibujos o chistes de inteligente, leve humor descreído, que aspiran a convencer al lector o a influirle tan poco como los dibujos de un Steinberg.

La cosa consiste sólo en mostrarse en la carretera antes de desviarse por un sendero intransitado.

¿No te gusta? Pues no pasa nada, sigue adelante, ahí tienes el peaje.

Por cierto, que Steinberg era un estilista muy fino mientras que Vallés es “sucio”: pero con el paso de los años he llegado a la conclusión de que esa “suciedad” es el precio del superior libertinaje que se toma sin atender a lo que piense el cobrador de turno.

Contemplo casualmente un nuevo dibujo de Vallés como escucho en Youtube los versos de mi poeta preferido.

Con una satisfacción mezclada con miedo.

Y sabiendo a ciencia cierta que es tan coherente, tan él, que igual que hoy lo he encontrado allí, mañana o pasado mañana lo encontraré en portada.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch.

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El Mundo y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.